En noviembre de 2011, en plena crisis económica, se reunieron los cabezas de gobierno que controlan el 90% del sector financiero, celebrando así la sexta cumbre del G20, en Cannes (Francia). Para evitar disturbios o situaciones incómodas para tal ocasión, las ciudades de Cannes y Niza fueron tomadas por la policía y el ejercito, cerrando incluso fronteras para impedir la llegada de “antisistema” provenientes de distintos puntos de Europa. Un pequeño grupo de Indignados españoles pudieron llegar a Niza para unirse a las acciones de protesta que debían organizarse desde ahí; las acciones se coordinaban desde la plataforma ATTAC Francia, dejando claro desde el principio que se tratarían de actos puramente simbólicos. Los Indignados al ver el pobre papel en que quedaban las reivindicaciones y su escaso eco mediático se escindieron para probar suerte por su parte. Sin medios ni soporte, los Indignados fueron los únicos que llegaron a las puertas del Palacio de los Festivales, sede de la cumbre, superando numerosos controles policiales. Llegaron cuando la cumbre ya había finalizado y todos los gobernantes ya se habían marchado, pero el esfuerzo y la posibilidad de leer ahí su manifiesto, fueron celebrados como una victoria.